jueves, 10 de noviembre de 2011

Mi alter ego y yo.

La gente suele decir que todo el mundo tiene dos vidas: la laboral y la personal, la que tenemos y la que los demás se creen que tenemos…  En esta descripción intentaré escribir las dos: mi vida y mi alter ego.
Supongo que mi vida ya se marcó, desde antes de nacer, con la pereza. Tardé algo así como 20 días en nacer. Primera chica y última de mis padres. No es que seamos una familia numerosa: estamos mi hermano, mis padres y yo. Bueno, con la perra contamos cinco.
Mi infancia ya se caracterizó desde entonces, escuchando “nanas” con Elvis Presley y su “Love me tender”, “Jailhouse rock”… Mi guanche padre, rockero de sangre, ya nos metió la música al nacer y, a duras penas, tener a una persona, tan muerta como Elvis, viva en nuestra casa.
Estimo que en mi vida  he cogido unos 50 aviones para ir a las islas Canarias, tierra de mi padre,  a ver a mi familia. La verdad es que nunca me canso de ir: mi abuela, ya mayor, me cuenta sus historias, sus inagotables historias. Mis tíos y mis primos. Éstos tan pequeños y comestibles, que siempre que vuelvo me los encuentro más grandes.
Pero con quien más he compartido, por cercanía, es con mi familia del norte: mis abuelos, con un afán insuperable de engordarnos con sus exquisiteces, y mis tíos tan felices que eso les hace valientes y dignos merecedores de una estatua ¿El motivo? Mi adoradísima prima Chabeli, con 27 años y los mismos años con parálisis cerebral. Ella supone tanto esfuerzo como desesperación, pero se compensa y se olvida todo con su sonrisa.

Mis años de colegio se basaron entre dos concertados: Santo Ángel (se fusionó con el siguiente) y santa María la Real. En el primero solo estuve hasta 4º de Primaria y tengo esos recuerdos tan presentes como si fuesen ayer. En el segundo estuve hasta finalizar el Bachillerato. Me encantaba ir a clase. Tanto fue, así que repetí un curso. Los profesores no sólo te enseñaban la materia, sino consejos para la vida, para el día de hoy. En un principio no les dabas importancia, pero es ahora cuando encuentras el sentido del porqué te lo decían.
En el colegio conocí a los que, hoy por hoy, considero como mis amigos para “toda la vida”, personas que están y van a estar ahí para lo bueno y lo malo.
Luego llegué al sitio donde jamás pensaba estar: la universidad. Digo que jamás pensaba estar porque era como una ilusión: tantos años en mi colegio que se me hacía raro estar en otro sitio tan diferente y que, además, te gustara estar ahí porque tu has querido y porque es tu futuro.
Mis padres no fueron a la universidad y es por eso por lo que se sacrifican cada día: conseguir lo que ellos, por las circunstancias que fuesen, no han conseguido y porque es lo que quiero ser.
Ahí conocí a personas increíbles de las cuales jamás me olvidaré. Además ellas motivaron, si cabe, mi pasión por estar ahí.
           
En conclusión, aunque en mi vida haya llorado, discutido con mi familia, no haya estudiado tanto, haya sufrido o me haya estresado (y lo que me queda), sé que aún y todo, soy y seré feliz. Porque hubo momentos en los que varias personas se dedicaron a ello: a enseñarme a ser feliz y sonreír cuando todo parece ir mal. A esas personas, ¡ni por todo el oro del mundo las cambiaría!


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