martes, 10 de enero de 2012
Navidad
¡Feliz Navidad! ¡Feliz año 2012!
¿Qué hace esta felicitando el año nuevo un 9 de enero? ¿Y la Navidad?
Sinceramente, no tengo escusa, tras mi última entrada del 27 de noviembre, la escusa era buena. EXÁMENES, pero después... Tenía pensado hablar sobre mis Navidades: Aquellas cosas que me disponía a hacer, mis propósitos de año nuevo... Pero la vagancia pudo conmigo (¡dichosa vagancia!)...
Lo triste es que no es el primer año, la vagancia lleva apoderándose de mí y de mis planes desde que tengo memoria.
Pero bueno... Esta entrada no va dedicada a mi relación con la vagancia que, dicho sea de paso, cada vez es más estrecha; sino a la Navidad.
Navidad: Tiempo de magia, ilusión, sueños, casas decoradas, árboles adornados, reyes magos en miniatura que se dirigen hacia un niñito y un portal (también en miniatura), la lotería, familia, uvas, regalos.... Y podría seguir describiéndola en párrafos, párrafos y más párrafos.
A medida que van pasando los años, muchos de esos conceptos desaparecen; De hecho, creo que una de las cosas en las que te das cuenta de que te estás haciendo mayor es en la Navidad, cuando te hace más ilusión que llegue Navidad por el hecho de descansar que por el hecho de los regalos o la ilusión (quiero dejar claro que no perdamos la ilusión pero, obviamente, el deseo de que llegue Navidad es mayor cuando eres niño que cuando eres mayor).
Cuando eres mayor, te das cuenta de que ha llegado la Navidad por la famosísima lotería, la casa y las calles decoradas (aunque, a este paso, se empalmarán las calles decoradas de Navidad, con las tiendas con motivos de San Fermín), el corte inglés... Sin embargo, cuando eres pequeño lo ves de otra forma, las calles decoradas, actividades, la cabalgata... es todo mágico, lo ves de otra forma, con más ilusión... No sé como describirlo, pero algo si sé, que es completamente diferente a cuando creces.
Pero algo sí que se conserva, sí que queda algo de nuestra infancia, y es el estar con la familia, no sé vosotros, pero mi familia no es la típica que se reúne los domingos (ni mucho menos), sólo en cumpleaños, algún evento especial y Navidad.
Y no hay cosa que, personalmente, más me encante: el chinchón hasta las tantas, las risas, discusiones políticas/religiosas/de algún otro tipo, las peleas sobre dónde vamos a ver las uvas... Esos momentos que hacen la Navidad mágica.
¡Ni qué decir tienen los reencuentros! Esa amiga que está estudiando fuera, esos amigos que no ves tanto por culpa de los exámenes, el envolver los regalos...
Porque, al fin y al cabo, tengas la edad que tengas, la Navidad es (y será) un momento mágico.
Que vuestros sueños nunca dejen de crecer ;-).
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